Los contratos bancarios se firman casi siempre en condiciones de desequilibrio: la entidad redacta el contrato y el cliente se adhiere a un clausulado que no ha negociado y que, con frecuencia, no ha podido comprender en toda su extensión. De ahí que el ordenamiento someta estas cláusulas a un control específico y permita revisar, incluso años después, si se incorporaron de forma transparente y si resultan abusivas.
Cláusulas que revisamos
Además de los gastos y de la comisión de apertura, en los préstamos hipotecarios aparecen con frecuencia otras cláusulas cuya validez puede revisarse:
Cláusula suelo, que impide que el interés baje de un determinado límite.
Vencimiento anticipado ante impagos de escasa entidad.
Intereses de demora desproporcionados y comisiones por reclamación de posiciones deudoras.
El análisis es individual: importa cómo se comercializó el producto, qué información precontractual se entregó y si el cliente pudo comprender la carga económica y jurídica que asumía.
ACTÚA CON RAPIDEZ
Primero, leer el contrato
La escritura de préstamo y las liquidaciones permiten saber qué se contrató, qué se cobró y qué es reclamable. Un estudio previo serio evita procedimientos sin recorrido.